13 de febrero de 2013

Gloomy Valentine



Sentada en su cama, llorando libremente se preguntaba una y otra vez que era lo que había sucedido. Alzo la mirada y su rostro se topó con el reflejo de la ventana.
¿Tan triste se veía?
¿Tanto era el pesar que le había causado él?
¿Eran esas las lágrimas que estaba derramando por él?

-Todo cambiará.- prometió alguna vez.- Prometo que cambiaré… Por qué te amo.
Ella le creyó. Creyó fielmente en esas palabras, pero… Al parecer, aquellas promesas que él le dio solo se quedaron en ese momento o tal vez… Solo tal vez el viento se las llevó con él.


Al otro lado de la puerta se oían los golpes fuertes y desesperados de un hombre. Ella reaccionó y se encogió en su cama. Cerró los ojos y trató de ahogar su llanto, pero cada golpe era más intenso como su dolor.

-¡Lárgate!-grito ella ahogada en sus lágrimas.- ¡Ya no quiero verte, vete!
-¡Espera!-gritó el hombre al otro lado de la puerta.- S-Solo… Escucha lo que tengo que decirte…
-¡NO!-gritó de nuevo acostándose en la cama.- ¿Cuánto daño más me harás? ¿No es suficiente con esto? ¡Lárgate!
-¡No me iré!-gritó él decidido al otro lado de la puerta y dejando de golpearla.- No me iré… No… Hasta que me escuches…
-¿Qué quieres que escuche?-preguntó molesta.- ¿Tus mentiras?  ¿Todas aquellas historias que jamás cumplirás? ¿Qué es lo que piensas decirme mentiroso?
-Qué te amo…-murmuro.

Al instante un silencio sepulcral e incómodo invadió el lugar.

¿Estaba bromeando? ¿Amar? ¿Él? ¿Toda una bestia andando, amar a una mujer tan… frágil y simple como ella?

-Estás mintiendo.- negó con la cabeza haciéndose ovillo en la cama, tratando de convencerse más a ella que a él.- Es-Estás mintiendo…-dijo de nuevo con la voz quebrada.
-No lo hago…-murmuro.- Es en la única cosa que no puedo mentirte… Perdóname…De verdad… Yo…
-¡¿Tú que?!-grito.- ¿Tú me amas de verdad?-preguntó sentándose en la cama de golpe siendo presa de un  ligero mareo.- Ugh… ¿De verdad me amas? Si es así, entonces ¡Lárgate! Ya no quiero saber nada de ti, ¡Vete de mi casa, de mi vida; de mi día a día, solo desaparece!
-¡No lo haré!-grito golpeando una vez más la puerta haciendo que ella se asustara un poco.- ¡Solo cierra tu estúpida boca y escúchame!

Ella quedo algo impactada por el vocabulario de su “refinado” novio. Bueno, él solía tener un vocabulario amplio; y solo llegó a escuchar palabras altisonantes de su boca cuando estaba molesto o desesperado… Verdaderamente molesto y desesperado.  Y al parecer esta era una de esas situaciones. Trato de calmar los espasmos que comenzaban a invadirla y se concentró en el aquí y ahora. No pasaría nada malo si le escuchaba ¿Verdad? Solo escucharía y de todas formas le diría que se fuera, porque ya estaba cansada de esa situación. ¿Cierto?

Lo haría ¿Verdad?

-S-Si…-murmuró.- Tengo que hacerlo.
Fue entonces, que ella dudo de sí misma… Solo un poco.

Él esperó por una respuesta de ella. Su frente pegada a la puerta no le permitía pensar con claridad. ¿Y quién lo hacía con la frente pegada en la pared? Nadie. Menos él. Siendo una persona tan violenta… tan extraña y explosiva, no pensaba muy a menudo… Suspiró y cerró las manos en forma de puño.

“Tranquilo, tranquilo, tranquilo, ella te abrirá esa puerta y podrás solucionar todo” se dijo.

Pero no fue así.

Al otro lado de la puerta escuchó como abrían la ventana y arrastraban algunas cosas y se preocupó entonces. ¿Ella saldría por la ventana? Sería una hija de puta si lo hacía… pensó molesto.
Se golpeó contra la pared.

¿Era estúpido? Ahí iba de nuevo su actitud agresiva y siempre tan negativa.

“Si te deja será porque eres un completo idiota” le dijo una voz.

-T-Te escuc-cho…-murmuró su suave voz al otro lado de la puerta.
Suspiró. Bueno, de eso a nada era mucha ganancia que ella quisiera oírle. Ya mejor dejo por la paz el que ella intentará abrirle la puerta. Suspiro y recargo su espalda en la puerta, deslizándose hacia abajo para quedar sentando frente a ella.
-Sabes…-comenzó.- Jamás eh sido bueno en estas cosas.-al otro lado se oyó un bufido de ironía.- Lo sé… No soy bueno para muchas cosas. No soy delicado con las cuestiones del amor, pero ¿Sabes algo?-hubo un silencio y él continuo.- De verdad te amo… Nadie…-su voz comenzó a hacerse pastosa.- Nadie… podía estar conmigo más de una semana. Por qué se cansaban de mi actitud, de mi forma de ser, de mis extraños cambios de humor… Es por eso que siempre estuve solo… hasta que llegaste tú…

Al otro lado de la puerta, la chica estaba sentada en una silla que tenía ahí, escuchando y llorando en silencio. Aun tratando de comprender el porqué de sus actitudes y del por qué esa “gran confesión” en un momento como este.


…Al principio no quise hacerme muchas ilusiones, porque sabía que sería la misma situación contigo.- continua hablando después del insípido silencio.- Pero paso un mes y comencé a preguntarme verdaderamente que era lo que tú habías visto en mí…


“Eres una buena persona aunque no lo creas” habías dicho tú. Fue ahí cuando tú me cautivaste por completo. A pesar de mis extrañas actitudes, de mis cambios drásticos de humor, de mis celos sin sentido, de todas esas actitudes que comenzaban a preocuparte y a confundirte, seguiste ahí conmigo y para mí. Amándome y demostrándome que en verdad tú sentías algo por mí… Pero yo… comenzaba a dudar. Y no precisamente de ti. Si no de mí. ¿Qué te estaba ofreciendo yo a cambio? ¿Dolor y sufrimiento? ¿Dudas y pesares? ¿Era lo que merecías realmente tú?...


Ella negó con la cabeza. Era obvio que ambos sabían que ella no merecía ese tipo de tratos o ese tipo de pareja.

Él tragó saliva muy pesadamente y trato de no llorar, al menos no en ese momento y siguió con su relato.



… Fue entonces que me hice el propósito de cambiar… Pero me era tan difícil y casi imposible. El verte sonreír con otro hombre, el mirarte tranquila por la plaza, o el simple hecho de que me dijeras que irías a divertirte sin mi… Me ponía como la bestia que soy.-murmuro acongojado.- procuré canalizar ese enojo, pero nada servía. Ni terapias, ni pláticas, ni deportes… Nada.
Fue entonces que sin querer te toque por primera vez. Y no en la forma en que me hubiera gustado.

Se hizo otra pausa con un silencio mucho más incómodo que el anterior. Inclusive podía cortarse la tensión con unas tijeras. Él dejo de respirar por unos segundos y ella mordió ligeramente su muñeca para no gritar de dolor.

-¿N-No…Te sentí-ste mal?-preguntó ella ahogando el llanto.
-Como no tienes idea…. -Murmuró él.-… Me sentí el hombre más infame y horrible de la faz de la tierra, me consideré la bestia que tú ahora crees que soy. Pero… Lo que más me alivio y me llevó al infierno fue tu actitud. Fingiste que no pasó nada, dijiste que a cualquiera podría pasarle y que no tenía importancia. Qué aun así tú me amabas.  ¿Puede ser eso cierto?-dijo alzando un poco la voz.- ¿Puedes amar a la persona que te provoca daño a la misma vez?...


Ella asintió con la cabeza.


…De verdad no sabía qué hacer. Pensé que tú en ese mismo instante estabas jugándome una broma, pero al ver que  hablabas con toda la sinceridad del mundo, me sentí aún más miserable y animal de lo que ya era en ese entonces. Me dijiste mil y un veces que lo olvidará que no volvería a pasar si te lo prometía… Y yo…-miro al techo para calmar las lágrimas aglomeradas en sus ojos.-… Yo te hice esa promesa… Qué jamás cumplí. En verdad… Yo… Te pido perdón.


Fue lo último que pronuncio con claridad aquel hombre de cabellos negros y seguido de eso rompió en llanto. Al igual que la mujer de cabellos castaños al otro lado de la puerta. Ambos llorando desconsoladamente, sin poder abrazarse y arreglar la situación, siendo divididos por esa opaca y frígida puerta. Ella abrazando sus rodillas y tratando de no llorar haciendo un escándalo. Él llorando sentado al pie de la puerta, con una pierna doblada apoyando su brazo derecho en ella y mirando el techo tratando de impedir lo imposible: La caída de sus lágrimas.

Cuando ambos se vaciaron de lágrimas y ya no quedo  nada más que llorar, trataron de regular su acelerada y superficial respiración. Él seguía sentando en el pie de la puerta y ella se estiro un poco ya que sus piernas comenzaron a entumecerse por la misma posición en la que estaba. Ninguno de los dos hablo. A diferencia de los otros silencios anteriores, este silencio era cómodo, tranquilo y ligero.

-En verdad lo siento.-murmuró una vez más aquel chico.- Espero algún día me perdones.-finalizó.
-Yo…-ella dudo y se quedó en silencio.
-Sé que no puedes hacerlo de un día para otro.-contestó con un deje de amargura.- Solo te pido que lo consideres, ¿Puedes?
-Es-Esta bien.-contestó ella.- Lo haré.

¿Y ahora que procedía? Se preguntaron ambos. Ninguno de los dos quiso seguir con la conversación, ya que sentían que no tenían nada que decir. Pero… este era el momento más importante y decisivo de la conversación: La solución. Ella se puso de pie y comenzó a acomodar la habitación ya que había pensado en escapar por la ventana y dejarle hablando solo, pero al final se arrepintió y terminó escuchándolo.
Él se colocó de pie y se recargo una vez más en la puerta.

Pasados unos minutos; cuando ella termino de medio recoger su habitación fue a la puerta y tocó el pomo de la puerta frío. El aliento la abandono por unos instantes. ¿Qué es lo que haría ahora? ¿Qué es lo que él haría ahora? Colocó su mano izquierda en la puerta, como si a través de ella pudiera tocar al amor de su vida. Él sonrió de lado y se giró pegando su frente una vez más a la puerta cerrando sus ojos en el proceso.

-¿Qué quieres que haga?-preguntó con suavidad.- Dime  y lo haré.
No hubo respuesta por unos momentos. Eso le preocupo un poco.
-¿Sigues ahí?-preguntó una vez más.
-S-Si…-murmuró ella aun en la misma posición.-
-¿Entonces?
-Yo…Yo… Quiero que te vayas.-concluyo.



Él abrió los ojos de golpe. Y cerró la boca. Porque de ella saldrían los gemidos que acompañaban a las lágrimas que caían por su rostro.

“Claro… Era de esperarse. Además, tengo la culpa” se dijo mentalmente.

Se limpió las lágrimas con el dorso de su mano izquierda y suspiro. Bueno, ese era el fin de todo.

-Sabes…-le llamó. Ella estaba llorando de nuevo en silencio.- ¿Sabes que es lo que más me pesa?
-¿Q-Qué?-trató de ocultar su llanto con algo de tos.
-Qué este es el primer San Valentín de muchos… Qué ya no pasaremos juntos.-concluyó.
-Lo sé…-respondió ella.

Sin más él se alejó de la puerta y camino en dirección a la puerta de salida. Antes de irse, tomo las llaves que traía consigo y las dejo en la mesa del comedor. Echó un último vistazo al lugar y sonrió con nostalgia.
Fue demasiado bueno, mientras duro… No, fue demasiado bueno; hasta que él lo arruino.




5 de enero de 2013

Solo para dos

El día era demasiado bello. A comparación de mi estado de ánimo que era una mierda. Me quedé sentado en la banca viendo como su silueta se desvanecía entre la poca gente que había en aquel colorido parque.

"Ya no te amo" habló.

Le miré incrédulo. ¿Era una broma? ¿De verdad? Pero... Pero... ¡Estábamos a vísperas de nuestra boda! ¿Como no iba a amarme después de tanto tiempo y a tan poco tiempo de la boda?

"¿Es en serio?" dije incrédulo.
"¿Crees que bromearía con algo así?" refuto molesta.

Negué con la cabeza. Ambos nos quedamos en un incómodo silencio. Bueno, yo más que ella. después de tratar de que las ideas se acomodarán en mi caótica cabeza; hiperventilé varias veces hasta estar más calmado. Bajé mi mirada y evité verla a toda costa a sus ojos verdes.

"¿Desde cuando?" pregunté.
"..."

Se quedó en silencio. Eso me molestó. Apreté mis manos que estaban hechas puños hasta que los nudillos se pusieron blancos. respiré hondo una vez más más y con voz fuerte y segura le volví a preguntar:

"¿Desde cuando?"
"Dos años" contestó algo intimidada.

Si las leyes de la gravedad me lo tuvieran permitido mi mandíbula estaría ahora mismo en los suelos. ¿Dos años? ¿Dos malditos años? ¿Porque aguantar tanto?


¿Qué era lo que la tenía atada a mi?



¿Lastima?
¿Miedo?
¿Peligro?
¿Otra persona?



"Porque... ¿Porque no dijiste nada?"

"No lo sé..." Murmuró "Pero... Yo...Yo..."
"Hay alguien más, ¿No es así?"

Ella se quedó congelada en su sitio.

Bingo.

Había dado con el motivo principal del problema.

Por lo regular las relaciones de este tipo -o mucho más jóvenes y frescas.- terminan porque siempre había una tercera persona involucrada. Ya sea la mamá, el papá, el hermano, un amigo, un amante inclusive podría decirse que hasta el mismo perro. Pero por lo regular siempre había un  tercero en una ecuación de dos.

"¿Qué haremos con la boda y los preparativos?" pregunté aun sin mirarla.
"Quiero que lo cancelemos todo"
"¿Crees que es así de fácil?" pregunté ahora molesto "¿Crees que a estas alturas es tan sencillo?"

Y por primera vez en ese rato la miré.

Me arrepentí de haberlo hecho. En serio que lo hice.

Sus bellos ojos verdes estaban vidriosos  por sus mejillas -rosadas- corrían varias gotas d agua salada denominadas lágrimas, su labio inferior temblaba de sobremanera  tratando de callar aquellos  sutiles y débiles gemidos  y su pequeña nariz fina comenzaba a ponerse roja.

"Lo...Lo...Si-Siento" murmuró ahogándose con su llanto "Yo...No quería...Pe-Pero...Yo..."

Una vez más me arrepentí de mis actos.

Tomé sus manos delgadas y frías y miré el anillo de compromiso que aún portaba en su dedo anular. Las cobijé con mis manos tibias y le sostuve su mirada esmeralda atormentada por un largo rato.

"Dime...¿Lo amas?"

Ella rompió la conexión de nuestras miradas, bajando su rostro y dejando que su cabello rubio y ondulado le cubriera el rostro. Suspiré frustrado. Sabía que ese acto era un rotundo "si" pero tenía que oírlo de su propia boca. Por más masoquista que fuera la situación, tenía que oírlo.

Con una mano tomé su barbilla y la obligué a mirarme. sus ojos ahora estaban rojos por el llanto y su nariz comenzaba a congestionarse.

"Responde...¿Lo amas?" pregunté una vez más.
"Con todo mi corazón" respondió con un hilo de voz.

Algo dentro de mi se quebró. Traté de sonreír.  Pero en vez de eso, lágrimas fueron lo que acudieron a mi.

"Perdóname"murmuraba llorando "Perdóname en verdad, perdóname"
"Yaa... N-No pasa nada" contesté.

Ella me abrazó fuertemente y lloró en mi pecho. Traté de ser fuerte, pero que el amor de tu vida te diga en la cara que ama a otra persona que no eres tú; es un golpe demasiado fuerte para uno. Derramé unas cuantas lágrimas y me calmé. Había personas en el parque que estaban al pendiente de nosotros.

Ella se alejó limpiándose los ojos y nariz, para después quitarse delicadamente el anillo de plata que le había dado. Lo colocó en mis manos, me besó con ternura en los labios y se puso de pie para después comenzar a desvanecerse entre las personas.

Me quedé atónito. Esa fue su forma de despedirse. Y hasta cierto punto se lo agradecí. Metí el anillo en la bolsa izquierda de mi camisa y miré el cielo. Suspiré.

Suponía que las cosas así tenían que ser. Ella con alguien más; yo pensando en una relación de dos. Estaba sentado en el parque pensando que...

Ella se había ido.

Que todo había terminado.

4 de enero de 2013

Cuando la intención llama la atención

Algunas veces creen que los que son hermanos mayores de otros tantos piensan que están celosos de los recién llegados a su hogar. Otros más piensan que le tienen envidia a su hermano más pequeño por uno o varios años de edad.

La realidad es otra.

No son celos.

No es envidia.

Ni mucho menos algún sentimiento negativo o extremista que los padres suelen creer que tienen los mayores hacía las nuevas criaturas nobles.

Es confusión.

Es duda, es incertidumbre.

En pocas palabras...

Es miedo.

No es nada de esas tonterías que los padres comienzan a sospechar paranoícamente, ni nada de esas estúpidas creencias que les restriegan día con día en la cara a aquel hermano mayor o que ventilan cada vez que pueden sus miedos y dudas -erradas- a los cuatro vientos o a cuanta persona se les cruza en el camino.

"No le hagas caso, está celoso."

Tonterías.

Sí al menos se tomarán unos minutos de su tiempo y le preguntarán a ese hermano mayor -sea la edad que tenga- Les aseguro que lo último que dirán  es "Le tengo envidia" o "lo odio" No; lo primero que ese ser humano les dirá será:

"¿Acaso ya no me quieren mamá y papá?"


¿Qué le responderán?

Obviamente tienen los padres tres opciones: la primera -y la más común de todas.- Es llamarle la atención y decirle que no piense en esas cosas, que de donde demonios saca esas preguntas, que ustedes aún le quieren. La segunda  ignorar la pregunta de aquella persona y hacer como que nada pasó. Y la tercera la más escasa pero no la menos importante es que a ambos -o dependiendo el número de familiares.- se les quiere por igual.

Pero... ¡Oh sorpresa! Aquel ser humano es más listo que ustedes y les refutará con otra pregunta, quizás un poco más difícil que la primera.

"Entonces...¿Porque le prestas más atención? ¿Porque lo quieres más?"

Y como es debido la respuesta por la parte paterna será "Porque es más pequeño que tú, necesita cuidados..." Y bla bla bla~. La mayoría de esas respuestas serán molestas y ofendidas, ya que se preguntarán como su hijo osa hacer ese tipo de cuestionamientos, otras serán como cualquier respuesta dada a cualquier persona;  y otras tantas serán respondidas con cuidado.

Pero, como es característico de los padres es que jamás -o muy pocas veces.- comprenden el tipo de pregunta que su hijo les acaba de hacer. No son preguntas de hijos "celosos" o de hijos resentidos con los padres o con el nuevo integrante que acaba de llegar.

No.

Son preguntas de hijos que ven un cambio drástico y confuso en su vida diaria. En sus padres. En su entorno.En todo, son preguntas de hijos que siendo el centro de atención de papá o mamá son desplazados cruelmente sin explicación alguna. Omitiendo claro a aquellas familias "perfectas" en donde lo antes mencionado no pasa.

Son preguntas basadas en fundamentos: desplazamientos, regaños innesesarios, responsabilidades adelantadas,  muestras de cariño cada vez menos frecuentes, más regaños, menos detalles con ellos, más muestras de cariño, atención e importancia al nuevo miembro. Más preocupación por el nuevo. Menos atención al mayor. Inclusive se puede mencionar que olvidan al hijo anterior.

Situaciones como esas. Actitudes parecidas.

Todo eso es lo que fundamentan las preguntas de los hermanos mayores.



Algunas de esas están hechas con inocencia ya que el mayor aun es un capullo.

Otras son hechas como comentarios al aire o bromas, por que el mayor  comienza a darse cuenta de ello y a crecer.

Unas cuantas solo son comentarios sarcásticos, llamadas de atención de cualquier forma -problemas, pleitos, gritos, triunfos, conductas buenas.- o simplemente votos de silencio porque ese hijo ya es un adolescente.

Y unas más, pero las que tal vez hieren más a los padres, son aquellas que están hechas directas y concretas. Sin pelos en la lengua, como dirían las abuelas. Aquellas que son conocidas como "reclamaciones" y que sobre todo son dichas en el momento,  lugar y sobre todo frente a los progenitores.

No lo hacen con el afán de herir. Al menos no en la mayoría de las ocasiones. Creo que son una de las últimas cosas que quieren hacer. Y son una de las primeras que logran.

Ellos solo quieren que ustedes los padres sepan como se sienten ellos.

Qué se pongan en su lugar. Qué imaginen la duda y confusión que cargan día con día, o que  al menos traten de recordarla, si es que ellos fueron en su pasado el hermano mayor.

Que traten de pensar como ellos, con su forma joven y novata de pensar. Con dudas estúpidas -o no- que los agobian sin cesar. Qué sientan como su vida cambio tan abruptamente de un día para otro sin darles la oportunidad de digerirlo.

¿Qué como sé eso?

Bueno, es que yo soy un hermano mayor, que pasa eso día con día y que le ruega a la vida que sus padres se tomen el tiempo de pensar en eso.

O en el más mínimo e improbable de los casos...

Qué lean esto.

Tentación Violeta


-¿Qué quieres a cambio?
-Buena pregunta...-murmuró.
-¿Qué es lo que quieres?- insistí.
-Todo tu ser.- sentenció.

Bueno, a decir verdad, ese no era problema; porque sabía que, a final de cuentas mi alma sería de él.


-Me refiero a cuerpo y alma.-contestó a mi hipótesis silenciosa.
-¿Qué?-contesté atónita.- ¿No se supone que solo reclaman almas y nos llevan al infierno y esas cosas?
-Acabas de decirlo.- rio.- "Se supone"- hizo comillas en el aire.- Además...Es un placer o doble pago, como quieras verlo por el... favor que te acabo de hacer.


Suspiré cansada. Esas eran una de las más mínimas consecuencias de hacer pactos con los demonios; que, a final de cuentas los infelices hacían lo que se les venía en gana.

-¿Y si me niego?- le reté.
-Tendrás un castigo mucho peor que la muerte.- sentencio jovial.


¿Qué podría ser peor que la muerte? me pregunté.

-Ni te imaginas.-contestó él. Después de unos minutos de silencio bostezó y luego me miro.- Y bien... ¿Daysse?
-A-Acepto.- tartamudee.

Él mostró una sonrisa ladina dejando al descubierto un par de colmillos sobresalientes y presumiendo su perfecta y blanca dentadura. Si no fuera por el gran pequeño detalle de que él era un demonio y venía a devorar mi alma -y cuerpo.- tal vez, solo tal vez pude haberme enamorado de él en otra vida. Cabello negro, rebelde y lacio; tez blanca, suave y tersa como la porcelana, cuerpo de un perfecto adonis griego y para finalizar unos bellos e hipnotizantes ojos violetas.

-Mírame a los ojos... Daysse.- Murmuro con voz ronca.- Solo... Mírame.

Seguí sus instrucciones y le miré. Aquellos ojos eran profundos y espesos  pero al mirarle con mayor atención, descubrí que en esos bellos y enigmáticos orbes había una pequeña pero muy notoria tintura de color plateado. Plateado y violeta eran los colores que estaban en los ojos de aquel ser.

Sentí su mano gélida posarse en mi tibio cuello. Me estremecí, para después sentirme extasiada con aquel frío tacto. Su aroma era penetrante; nada de azufre o cosas que se creía a las que un demonio podía oler. No, simplemente era un olor embriagador, no sabría decir a que olor humano se podía asemejar su aroma, pero era extremadamente exquisito. Sus ojos cada vez eran más encantadores y conforme sentía que sus  grandes y frías manos recorrían mi cuerpo, dentro de mi comenzaba a despertar el éxtasis, la necesidad, la lujuria y la pasión que creía extintas en mi.

-Déjate llevar.- murmuró cerca de mi oreja.

Me estremecí. Aquel demonio sabía como tentar y seducir.

Sonrió de lado. Ambos sabíamos que acababa de terminar de firmar mi sentencia. Y el hecho de que los dos nos estuviéramos mirando a los ojos profundamente hacía que entre ambos creciera la pasión.

-¿Iré al infierno?-pregunté lo obvio, rozando un poco sus labios.
-Sí...-murmuró.
-Yo...-comencé a sentirme débil y confundida.
-Tú...-contestó lamiendo mi cuello.
-Solo si es contigo.-finalicé.
-Qué así sea.-concretó.

El resto de la noche -y de mi vida.- Me dedique a entregarme en cuerpo y alma a un demonio. No sé si para ellos este tipo de actos tienen valor, o algún significado sentimental. Soy demasiado ilusa, no sé si me amo en el acto; pero esa era una de las cuestiones humanas para entregarse en cuerpo y alma hasta para el mismo Dios o Diablo.

El amar.

8 de diciembre de 2012

Inside



Sentada en medio de esa habitación blanca acolchonada miraba completamente entretenida hacía la nada.

-¿Y está que?-preguntó uno de los que rondaban por ahí.
-Dicen que ella se volvió loca.
-Bueno...-dijo el otro obviando lo dicho.-...Es obvio, que todos los de aquí están locos; pero ¿Cuál fue su motivo?
-Ah~ te refieres a eso.- contestó el aludido.- Bueno, creo que una de las pocas cosas que te hacen perder la cordura...
-¿Cuál?
-El amor.
-¿En serio?-preguntó divertido el otro y miró a la chica a través de esa ventana pequeña.- ¿No estás bromeando?
-No, no lo estoy, ella está aquí desde ya un considerable tiempo, pero solo se sabe que su motivo para ser internada fue el amor.

Ambos callaron y decidieron husmear un poco más por esa pequeña y sucia ventana.


Y ahí estaba, aquella chica que alguna vez sonrió de felicidad. Aquella chica que alguna vez consideró que su corazón jamás se rompería .. O al menos no de esa forma. Perdida en sus pensamientos pasados, sintió como unas miradas llenas de morbo le miraban intensamente; giró su cabeza lentamente y clavó sus ojos verdes sin vida en aquellos dos rostros masculinos y curiosos mirándole fijamente.
Al hacer contacto visual con aquella fría y muerta mirada a ambos les recorrió un estremecimiento terrible por toda la espinal dorsal. Sintieron como en su espalda caía lentamente el sudor gélido y como aquella aterradora mirada estaba clavada en sus orbes.

-Está loca esa mujer...-murmuró el curioso.
-Te lo dije...-contestó el otro.- Es mejor que nos vayamos.
-S-Si... es mejor.


Todo esto lo platicaron sosteniéndole la mirada a aquella pobre mujer, una vez roto el contacto visual, optaron por seguir con su ronda de trabajo y seguir observando a los mismos locos de siempre.

Ella siguió mirando unos minutos más hacia la ventana siendo ajena a que aquellas personas se habían retirado y la habían dejado de nuevo con su única y fiel compañera: La soledad. Cuando logró reaccionar, miro el suelo. Jugó un poco con sus manos blanquecinas y esqueléticas y a los pocos minutos, unas gotas de agua salada corrían por sus pómulos hasta llegar a la barbilla y caer o perderse en su cuello.


¿Era todo así? ¿Terminaría de esta triste y mórbida manera? ¿Por que no podía tener otro final? 

Uno en donde ella fuera feliz... En donde estuviera fuera de este universo de cuatro paredes...

Uno en donde él estuviera vivo.



Suspiró sonoramente.

¿Qué hacer cuando tu alma esta congelada?

¿Cuando tu corazón esta roto?

¿Con cada uno de esos momentos que tenía planeados hacer?

¿Estaba bien con solo dejarlos por ahí, botados en algún lugar?


De nuevo lloró. Se llevó las manos a su delgado rostro y trató de detener la lluvia incesante que venía de sus ojos, era imposible, el detener algo que tenía guardado por muchos años.

No había llorado, desde el día en que su prometido había muerto, y apenas, después de diez años, soltó las lágrimas que se negó a dar ese día.

¿Estaba bien morir y seguir viviendo?

¿Con los sentimientos congelados?

¿Dejar que pasará el tiempo hasta que alguien, le despertará?

¿Qué haría con todo esto?

¿Con los recuerdos? ¿Los sentimientos? ¿Las palabras? ¿Las emociones? ¿Los recuerdos? ¿Con ella misma?



Se secó los ojos de manera agresiva, inhaló y exhaló varias veces hasta que su respiración regreso a ser la misma de antes. Miro de nuevo las cuatro paredes acolchonadas... Se perdió mirando a la nada y recordando el pasado.

Tal vez... Solo tal vez si congelaba todo aquello, podría ser feliz, de una manera un tanto retorcida, pero lo sería.

Solo ella, sus recuerdos, él y solo él.


No importaba si el mundo a su alrededor terminaba.

Si la vida dejaba de existir.

Si incluso, ella misma dejaba de existir.


Solo sería feliz con el simple hecho de tener aquellos sentimientos, recuerdos, palabras y momentos  que le recordarían que él existió alguna vez y que sobre todo...

Qué ella alguna vez fue feliz.



22 de noviembre de 2012

Había una vez...

Había una vez un chico que le gustaba la noche. Bueno, a la mayoría de sus conocidos les gustaba la noche. Pero él tenía una razón en especial, un motivo del por que amaba la noche.

Tal vez otros tenían el mismo motivo, pero él creía que era único su sentimiento.

Amaba la noche por muchos motivos; quizás desconocidos, o conocidos; pero eran SUS motivos. Amaba la noche por que era fría y solitaria, como su vida. Pero eso no le molestaba, al menos ya no; había aprendido a vivir de esa forma, y le gustaba su nueva forma de vida; siendo él y solo él, sin compañía de otros, ni necesidad de acudir a alguien más; disfrutaba de ese momento que pocos, solo muy pocos se daban; el disfrutar de estar consigo mismo.

Otro motivo era la frescura. Ah~ la noche para él era tan maravillosa y fresca, con la brisa que desprendía entrando el crepúsculo del día sentía como sus penas, dolores y alegrías se iban con esa ligera brisa de viento gélido.

Amaba el silencio; oh si, ese silencio que a muchos perturba, lo amaba como a nada, por que ahí mismo encontraba las respuestas a muchas dudas que tenía, el silencio era un buen consejero, pensaba el chico.

Adoraba con devoción extrema la luz tenue de la Luna y de sus inseparables compañeras las estrellas. Por que a pesar de lo espesa que podía ser la noche, siempre existía esa tenue pero hermosa y tranquila luminosidad que alumbraba su camino y pensamientos.

Idolatraba al frío, por que él; aquel hermano cruel y despiadado le hacía saber que estaba vivo; que, a pesar de lo que le ocurría en el día, aún tenía las sensaciones y emociones para darse el lujo de sentir.


Pero... De vez en cuando, solo de vez en cuando, detestaba todo eso. ¿Por que? Porqué aprendió a amar todo aquello de la peor forma: Quedándose solo, siendo rechazado, olvidado y juzgado. Jamás fue de importancia -aunque muchos le decían lo contrario.- Él sabía con los hechos y palabras de las personas, que jamás fue de importancia; al menos no la que él quería tener. Era indispensable para muchos; pero nadie se dio la pauta de ser indispensable para él.

Interés. Era todo lo que había ahí. Interés. Pero él mismo se dijo, que; si su destino era estar solo, con gusto lo aceptaría.

Y así fue como el chico amo la noche. Siendo un hijo de la Luna, hermano de las estrellas y un cómplice más del frío.

Pero esto... Solo era una vez...

28 de septiembre de 2012

¿Juventud?


¿Con que eres joven?

Veamos... Dices que eres joven y que puedes hacer lo que quieras; que eres joven y se te tiene permitido equivocarte; que eres joven y que tienes derecho a hacer estupidez y media...Solo por el simple hecho de que eres joven. Por que eres joven te tienes permitido dejar cosas a medias y abandonar algunos caminos; cosas, sueños, deseos, anhelos... Por que a final de cuentas aún no sabes que es lo que quieres en tu vida...

¿Con que eres joven, eh?

Ser joven no implica solo equivocarse, vivir el momento y solo dejar que el mundo ruede a tu alrededor. Soy joven igual que tú, quizás un poco mayor por unos años, pero aún así, los argumentos que utilizas se me hacen demasiado infantiles y estúpidos par alguien como tú.


¿Qué tienes una forma de pensar madura?
Tus pensamientos, acciones y palabras no concuerdan, no eres lógico ni con lo que dices ni con lo que haces.

¿Qué quieres irte de casa?
A ver genio. ¿Y donde vivirás? ¿Qué harás de ahora en adelante? ¿Podrás subsistir sin la ayuda de tus padres? Eres idiota. Solo eso de querer dejar la casa es un impulso de tu inmadura mente.


¿Qué quieres dejar de estudiar? Bien hazlo, pero solo pregúntate esto ¿Qué será de ti dentro de unos años? Hay millones de personas que SUEÑAN con mínimo tener la educación básica: leer y escribir. Y tú que estas teniendo estudios conforme a tu edad dices que la escuela es aburrida y estúpida.... La estúpida y aburrida es otra.

¿Qué quieres vivir al día, conforme pase la vida? Se vale, se vale... Pero dime... ¿Será así toda tu jodida vida? ¿No piensas planear lo que será de ti dentro de unos 10 años? ¿Lo que será de tu familia? ¿Amigos? ¿De ti mismo?

Eres solo un crío y así crees poder comerte el mundo de un solo bocado.

Cuidado que te puedes atragantar.